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| El castillo
torre del castillo (2004)
El que hoy conocemos como castillo de Alcozar, por difícil que resulte de creer, no lo fue durante la Reconquista. Esta torre civil, adosada a una inmensa mole pétrea, fue erigida en el año 1895 con la única finalidad de colocar un reloj en uno de sus muros; si bien existen indicios de que en su construcción se emplearon piedras del -ya por entonces derruido- primitivo fortín de defensa. Para la localización del verdadero castillo alcozareño se barajan dos hipótesis: la primera apuntaría a que estuvo emplazado en el predio que hoy se denomina Carrasomo, en una explanada cercana al otero Macerón y próxima a la Cueva de los Hornos; la segunda, que considero menos probable, sitúa la antigua atalaya en Piedra Sillada, en aquella loma en la que tuvo lugar en el año 995 la histórica batalla de la Piedra Salada (o Piedra Solada) en el transcurso de la cual cayó mortalmente herido y fue hecho prisionero el conde castellano Garci Fernández. Aunque la leyenda cuenta que Alcozar (Alcocer) tomó su nombre de una gran batalla[1] contra los moros que tuvo lugar al mediodía ("al cocer" los pucheros en los que se guisaba la comida) Menéndez Pidal hace derivar el topónimo del término árabe al-qusair, palabra que designaba un tipo determinado de casa o castillo[2]. La estratégica situación de vigilancia y defensa del lugar conocido como Carrasomo, y los restos de teja y cerámica que se encuentran en ese lugar, nos inclinan a suponer que fue éste el verdadero emplazamiento del antiguo castillo de Alcozar. La existencia de dicho castillo -que bien pudo ser una simple atalaya o fortín de defensa- la tenemos bien documentada. Las crónicas de la Reconquista incluyen esta fortaleza entre las que tomaron parte activa en las contiendas bélicas que enfrentaron a musulmanes y cristianos en el año 989. Y si Garci Fernández eligió Alcozar como escenario de la Batalla de Piedra Sillada, en el 995, es fácil deducir que contaba con el apoyo de sus gentes y de su castillo. El 11 de marzo de 1150, Alfonso VII otorga un privilegio por el que concede la villa y el castillo de Alcozar al obispo y a la iglesia de Santa María de Osma. Este privilegio fue confirmado por los sucesores de este rey.
Un pergamino -excelentemente estudiado por CANELLAS LÓPEZ y custodiado en la catedral de El Burgo de Osma- nos informa de que, allá por el 1154 o 1156, Diego Pérez de Fuentearmegil gozaba de la tenencia de este castillo. Unos años después, en 1183, María y Pedro Manrique de Lara lo entregarían a la Orden de Calatrava. El documento que transcribimos a continuación es un contrato de infeudación.
Pergamino. Archivo Catedral El Burgo de Osma (Soria)
Escrito en letra carolina y considerado como el primero o uno de los primeros documentos redactados íntegramente en castellano, este pergamino ha sido constante objeto de estudio tanto para historiadores como para lingüistas. El contenido del documento, de manera resumida, es el siguiente: Diego Pérez recibe el castillo y la villa de Alcozar de manos del obispo de Osma, y se compromete a guardarlos y defenderlos por sí mismo o por aquel de sus caballeros que cuente con la aprobación del mencionado obispo. De forma que, si el hombre encargado de la custodia del castillo no mereciera el beneplácito episcopal, éste sería sustituido inmediatamente por otro de los caballeros de Diego Pérez. Se compromete también el tenente, Diego Pérez, a evitar todo tipo de revuelta que pueda ir en detrimento del señorío de la Iglesia de Santa María de Osma, y a prestar homenaje al sucesor del obispo, así como a respetar los fueros dados por éste a los habitantes de Alcozar presentes y futuros. El documento está firmado en Soria ante Fortún López, su mujer, sus hijos y una larga serie de personajes, y, aunque no lleva fecha, se supone escrito entre 1154 y 1156. El castillo debió de continuar en manos de los Lara-Fuentearmegil[7], pues, datado en el año 1183, se conserva en el Archivo Histórico Nacional[8] un pergamino que contiene la carta de donación del castillo de Alcozar a favor del maestre Nuño y del capítulo de frailes de la Orden de Calatrava. Esta carta está otorgada en Alcozar por María y Pedro Manrique de Lara[9], y la transcribimos a continuación.
Como se puede ver, entre los testificantes del documento aparecen, al lado de vecinos de Alcozar, otros que lo son de los pueblos limítrofes de Zayas y de Bocigas. Esta donación pudo estar dictada por razones bien distintas. Sabemos que los Lara sintieron cierta inclinación hacia la Orden de Calatrava -a la que pertenecieron varios miembros de su linaje- y que con anterioridad habían hecho donaciones a su favor[10]. Pero también es conocido el hecho de que el conde Pedro no se conducía precisamente como un buen administrador de su hacienda, por lo que no debe descartarse tampoco que en el móvil de esta donación subyaciese el deseo de que los calatravos ejercieran cierta tutela sobre su persona y sus bienes, a lo que seguramente no pondrían reparo los monjes guerreros -era un hecho habitual- a cambio de recibir en recompensa alguna propiedad.
Pergamino. Archivo Histórico Nacional - 1183
BIBLIOGRAFÍA
NOTAS
[1] Tal vez se tratara de la Batalla de Piedra Salada a la que hemos aludido en el párrafo anterior. [2] Ramón MENÉNDEZ PIDAL: Historia de España, Espasa Calpe, Madrid, 1987, vol. 5, p 648: "Los recintos son reducidos, algunos de 25 metros en cuadro; las torres, de 7'50 por 5'50. La parte baja de éstas es maciza y sobre ella se acostumbraba levantar cuatro plantas, con suelos entramados de madera. Los muros retallábanse progresivamente para quedar en lo alto tan sólo del grueso del antepecho. Las ventanas, derramadas hacia el interior, tienen dintel de rollizos. Estos fortines se llamaban "al-qusair", alcocer en romance. Citados con frecuencia por geógrafos e historiadores, conservan su recuerdo los numerosos Alcocer de la toponimia española". [3] La actual Velilla de San Esteban. [4] Se trata de la Granja de Cubillas a la que aluden los pleitos alcozareños a partir del siglo XV, cuya localización exacta desconocemos, pero, que de cualquier forma, se tiene la certeza de que estuvo ubicada dentro del actual término municipal de Alcozar -posiblemente en la Vega- y de que perteneció al monasterio de La Vid. [5] Diego fue hijo del legendario Pedro Núñez de Fuentearmegil, señor de Osma, y de Elvira González de Lara. [6] Señor de Soria. Estuvo casado en primeras nupcias con Elvira, hermana de Diego Pérez de Fuentearmegil. [7] Estos dos poderosos linajes estuvieron emparentados a través de varios matrimonios. [8] AHN: Órdenes Militares: Calatrava/Pergaminos Particulares, carp. 455, doc. nº 24-P. [9] Hermanos, hijos del conde Manrique Pérez de Lara y de Ermesinda de Narbona, y sobrinos de Diego Pérez de Fuentearmegil.[10] En 1165 la condesa Ermesinda, por el alma de su marido, les entrega la mitad de las casas que poseía en Avolasia (Molina) y unas heredades. Pedro les había donado, en 1174, varias heredades que tenía en Albaladejo, Cañete y término de Cuenca; y ese mismo año (1183) unas casas y viñas situadas en Madrid.
Castillo (2005)
© Divina Aparicio de Andrés (1995) |