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ALCOZAR
1946
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s. XX
¿SABÍAS
QUE...?
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ALCOZAR
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La ermita II
por
Antonio Tejedor de Miguel
http://www.lafronteradelduero.com/Paginas/alcozar.html
Alcozar - San Esteban Protomártir
Localización |
La primitiva iglesia |
La galería |
La iglesia actual
La población de Alcozar, perteneciente al municipio de Langa de Duero y
próxima a San Esteban de Gormaz, es citada en la Historia como lugar en el
que, en 995, Almanzor derrotó al conde castellano Garci Fernández, quien
sufrió fatales heridas en la batalla a consecuencia de las cuales murió
poco después.

Lo que hoy queda de la iglesia
románica consagrada a San Esteban Protomártir no es sino una ruina que
exhibe sus gloriosos y maltrechos despojos sobre el monte Macerón, a 200
m. al sur de la plaza local. Se erigió en el siglo XII -según la tradición
popular, sobre una antigua mezquita- sin que haya acuerdo sobre su
datación precisa: Juan Antonio Gaya Nuño (El Románico en la Provincia
de Soria) asegura que «... no puede ser posterior a los primeros
tiempos del siglo XII»; por su parte, Teógenes Ortego (Celtiberia,
nº 70/1985 Centro de Estudios Sorianos) opina que debe ser obra de la
segunda mitad de dicho siglo.
Cumplió función parroquial hasta 1812. La ermita de Nuestra Señora del
Vallejo, mejor ubicada en relación con los dos barrios del núcleo
poblacional, resultaba más accesible y práctica que la tradicional
parroquia de San Esteban encumbrada en una colina, por lo que en 1768 se
acometieron las obras de transformación de dicha ermita en un templo capaz
de asumir el rango parroquial. Se llevaron aquellas a efecto en dos fases,
a la culminación de las cuales, en la expresada fecha de 1812, se
constituyó en parroquia de Alcozar bajo el patrocinio de San Esteban
Protomártir, esto es, suplió a la obsoleta iglesia románica en su papel
eclesial y en su advocación. La antigua parroquia quedó así relegada con
categoría de simple ermita, entrando en un proceso de creciente abandono
que la ha llevado a la actual situación.
La primitiva iglesia
Hay que advertir que el catastrófico estado en que se encuentra la
edificación, así como las sucesivas transformaciones no documentadas que
ha sufrido desde su origen, obligan a basarse más en conjeturas que en
realidades para comprender los restos arquitectónicos que nos han llegado.
Algunos de los que aún pueden ser objeto de estudio evidencian actuaciones
pasadas poco dudosas, pero no es dado extraer de sus escombros la
respuesta global a cuantas dudas plantea la heterogénea construcción. A la
luz de esta premisa hay que interpretar todo lo que a continuación se
expone.
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La planta de la
iglesia debió ser de la mayor simplicidad: un
ábside en hemiciclo seguido de
un presbiterio y una sola
nave. Como es habitual, la
luz en planta del presbiterio es
ligeramente mayor a la del ábside, y la de la nave, a su vez, superior
a la del presbiterio, dando lugar al típico escalonamiento. El acceso
al templo se realizaba ya desde un principio por el lado norte, algo
infrecuente en las iglesias románicas de la zona, tales como las de
San Ginés y
San Martín en la vecina población de Rejas de San Esteban, o las
de
San Miguel y
El Rivero en San Esteban de Gormaz, o la de
Berzosa -todas ellas dotadas de galería porticada-, o de tantas
otras en posesión o no de galería. No escapa a la consideración del
observador que ninguna de las iglesias citadas debió presentar en su
momento condicionante alguno, por su emplazamiento, por la orografía,
por razones defensivas u otras, que forzase un acceso por otro lugar
que no fuese la fachada meridional.
El caso que nos ocupa es diferente. La iglesia se emplaza, como ya se
ha dicho, sobre el otero Macerón situado entre la loma que se divisa
en la imagen superior de esta página, la conocida como «El Castillo»
aunque nunca haya habido allí tal construcción y sí únicamente unos
peñascos y la reciente torre del reloj, y la también próxima de «Carrasomo»,
más al sureste en la salida de Alcozar hacia Velilla, donde se supone
que estuvo apostada la fortaleza medieval. Los tres altozanos se
presentan como otros tantos puntos estratégicos de la línea cumbrera
meridional a cuya sombra protectora se desarrolló la población. ¿Tuvo
que ver esto con la orientación norte de su entrada...? |
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El acusado deterioro
de los paramentos del ábside deja ver su composición material: un
zócalo hasta la altura de la ventana de tosca mampostería no careada,
ni aun siquiera encintada, y muro de tapial de arcilla y ripio. Todo
ello recubierto de un basto revoco que luciría en su momento de forma
parecida a la de los ábsides de San Martín en Rejas de San Esteban o
de San Miguel en San Esteban de Gormaz. La única ventana de que
disponía el ábside tuvo
arquivolta sobre columnillas
encapiteladas. Dan testimonio de lo anterior cuatro
dovelas desencajadas y ambos
cimacios que todavía hoy se
aferran al muro.
Fuera de esto, lo que más llama la atención son unas inquietantes
grietas de desarrollo vertical que no han producido el total derrumbe
de la desplomada fábrica por la tenue acción estabilizadora de la
tapia baja del cementerio, por el lado sur, y la solidaria presencia
de la sacristía nueva , por el norte. |
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Si hay algo que
destacar en el exterior del ábside es el alero, cuyo frente se adorna
con una hilera de bolas como las que se ven en las ya mencionadas
iglesias de la vecina localidad de Rejas de San Esteban. Las piezas
que lo forman descansan sobre ménsulas talladas que muestran diversas
figuras: rosetas, un pequeño barril, rostros humanos, un monje,... Los
modillones que han quedado atrapados en el interior de la sacristía
adosada al ábside se han conservado en mejor estado. Entre ellos puede
verse uno muy parecido, si no idéntico, a otro de la portada de San
Gines en Rejas de San Esteban que representa
una pareja en actitud danzante, cogidos por las manos y con los
rostros vueltos al frente. |
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En el interior de la
cabecera también se manifiesta el sistema constructivo empleado basado
en un zócalo de grosera mampostería sobre el que se alza el resto del
muro que, como la bóveda de horno del ábside y la de cañón del
presbiterio, es de tapial guarnecido. No hay más elementos de cantería
que el arco de la ventana y los sillares que forman su derrame
interior, la imposta que lo circunda horizontalmente, el fajón de
embocadura del ábside y el arco triunfal. El arco fajón que refuerza
la estructura absidal es de medio punto de una sola rosca y descarga
sobre pilares de la misma sección rectangular que el arco. |
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El
arco triunfal es asimismo de medio punto,
éste doblado y soportado por columnas adosadas al muro. El capitel que
se conserva, el del lado izquierdo de la nave, exhibe una sencilla
decoración de haces de estrías incisas entrecruzadas y rematadas en
volutas. Su cimacio, hoy liso sin distinción con respecto al resto de
la imposta, debió ser ajedrezado tal como lo vio en su día Teógenes
Ortego. La basa de la columna existente queda oculta por los escombros
y no es visible de momento. |
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La nave se cubría
con armadura de madera a dos aguas de la que sólo restan las cabezas
de algunos de sus tirantes empotrados en los muros. De su techumbre
nada queda. Sí se mantiene en pie una parte del muro meridional
correspondiente a un arco ciego. Dada la tipología de la fábrica
original no es posible que tal arco perteneciese a ella. Por alguna
ignota razón, en fecha posterior a la de la construcción del templo se
dispuso ese arco ligeramente apuntado que, por sus dimensiones, no es
el de una segunda portada, pero que tampoco cumple funciones de
descarga pues bajo él no hay vanos que liberar de los esfuerzos
estructurales. El caso es que su pétreo esqueleto ocluido por una
mampostería más o menos concertada ha resistido mejor que el
aglomerado arcilloso del resto del muro y todavía se mantiene erguido. |
La galería
Esta iglesia tuvo una galería porticada que, aunque cegada en todo su
frente norte y parcialmente destruida, muestra al descubierto el arco del
lado este y suficientes indicios de cómo fue y de lo que aún podría
conservarse oculto en espera de la deseada restauración.
Es peculiar de este pórtico su ubicación en la cara norte de la nave
eclesial. Era habitual en estas construcciones románicas rurales que se
dirigiese el esfuerzo colectivo a culminar la obra del templo propiamente
dicho y, a continuación, con o sin mediación de un cierto espacio de
tiempo, se acometiese la tarea de adosarle una galería. Si fue este el
caso, el de un añadido a una iglesia ya en funcionamiento, entra en lo
lógico que la galería se apoyara en el muro por el que se practicaba el
acceso. De otra forma, si el proyecto fue unitario, habría que aplicar al
conjunto de galería y acceso las cuestiones y preguntas arriba planteadas
para éste.

Al cerrar la galería, la mayor parte de los elementos sobresalientes
del paramento exterior fueron removidos o cercenados para obtener un
lienzo liso. Así, han desaparecido todos los canecillos a excepción de
dos, toda la cornisa menos una de sus piezas y un fragmento de otra, se ha
truncado la imposta y no quedan sino vestigios de las
chambranas de los arcos.

En el precedente dibujo con el que sólo pretendo esquematizar la actual
fachada, y que puede adolecer de algunas imprecisiones pues no me he
propuesto hacer un trabajo de medición in situ riguroso, trato de
presentar lo que queda aparente en la actualidad y lo que, con alguna
fortuna, podría encontarse en el interior del grueso muro.
Lo que resulta ostensible, además de dos ménsulas y una piedra del alero,
son las cuatro chambranas de la izquierda, el arranque de una quinta y, al
otro lado de la portada, una chambrana más. Las dovelas de los arcos
pueden intuirse, pero las columnas no traslucen al exterior su presencia
si es que aún existen. Todo esto por lo que se refiere a la fachada
principal, la norte, porque la lateral hacia el naciente sí nos depara
todavía la contemplación del arco que en ella se abre.
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Este arco, el del
lado este, es el único visible por ahora; la cara que se muestra en
esta imagen corresponde a la que da al interior de la galería. Se ha
coservado íntegro pues sigue manteniendo la chambrana, las dovelas,
los capiteles y los fustes (las basas, se supone). Es de mayor luz que
los demás (130 cm.), por lo que, al mantener la misma línea de imposta
y ser de medio punto, su
clave está más elevada que las
del resto. La chambrana, de amplio fondo, luce un ajedrezado en su
intradós, el mismo motivo geométrico que adorna el cimacio de los
capiteles y la imposta. Las columnas son de doble fuste; de las basas
nada se sabe, pues, aparte de los escombros acumulados bajo el arco,
el recrecido del pavimento del pórtico para nivelarlo con el del
interior de la iglesia cuando ambos espacios se unieron ha debido
soterrar los pies de las columnas. |
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Idéntica disposición
por la cara que en su origen dio al exterior del pórtico y que luego
quedó encerrada en la sacristía. La rosca única del arco bastante más
estrecha que el muro propicia la disposición de una ancha chambrana a
cada cara con decoración taqueada. |
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Los dos capiteles
son bien distintos entre sí: el situado en el apoyo septentrional del
arco contiene una composición simétrica formada por dos parejas de
arpías en torno a dos árboles o arbustos que ocupan las aristas del
capitel. De tales plantas surgen largos tallos que se enrollan en los
cuellos de estas fantásticas aves con cabeza de mujer y cola conoidea
que pasan entre las patas por debajo del cuerpo. Estas figuras
fabulosas proceden de Silos y están muy estendidas por la región con
formas y actitudes parecidas. |
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El capitel opuesto,
el del apoyo meridional, sigue una composición muy utilizada en otras
iglesias sorianas, como la de Nafría la Llana, formada por dos órdenes
de hojas estriadas y rectilíneas que se vuelven hacia afuera en sus
extremos. |
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La foto corresponde
al extremo izquierdo de la galería al que se adosó luego la sacristía.
Se aprecian, en efecto, dos ménsulas, una tallada en forma de cabeza
animalesca y otra que ya no es más que un muñón informe. Por toda
muestra de cómo era el alero aguanta incrustada en la pared una piedra
adornada con bolas de la misma hechura que las del ábside, además de
un fragmento de la piedra angular. Se vislumbran con claridad las
chambranas de los dos arcos extremos, pero ningún otro elemento de
ellos. |
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Aquí dejan verse las
dos chambranas siguientes, 3ª y 4ª por la izquierda, más el arranque
apenas insinuado de otra más, la 5ª, visible con más claridad en
este detalle. |
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Por fin, a la
derecha de la actual portada se marca una única chambrana
correspondiente al último arco de los conservados. En el gráfico
anterior no he dibujado las columnas de este arco como posiblemente
existentes pues soy de la opinión de que se han perdido. Esta
afirmación y otras cuestiones que pueden conducir al esclarecimiento
de cómo era en su origen la galería porticada merecen una discusión
pormenorizada. La haré a continuación. |
A mi juicio y con los únicos datos que nos ofrece la contemplación de
las ruinas en que ha devenido el edificio románico, la galería porticada
ha sido mutilada por acortamiento por el oeste, con pérdida del último de
sus arcos, y dañada por la extirpación de tres más para encajar la
portada. El pórtico original debió estar constituido por nueve arcos, tal
como lo esquematizo en el gráfico de más abajo. En definitiva, puede
concluirse anticipadamente que:
-
Es posible que
subsistan los arcos 1 al 4 cuyas chambranas resultan manifiestas.
-
Fueron eliminados los
arcos 5 a 7, espacio exacto que ocupa la portada. Si se mantiene el
ritmo de la arcuación existente, tal espacio da para completar el arco 5
y voltear el 6 y 7 enlazando con total continuidad con el 8, el situado
a la derecha de la portada.
-
Del arco 8
probablemente no queden sino las arquivoltas centrales, pues, como
trataré de justificar luego, sus columnas han podido dejar de existir.
-
El último arco, el 9,
fue demolido a consecuencia de una de las reformas, algo sobre lo que
también intentaré argumentar más adelante.

La penetración al área porticada pudo hacerse por el arco abierto en el
lado este, más alto y ancho que los demás, pero es poco probable dada su
situación en relación con la zona de acceso natural a la iglesia desde la
población. También pudo realizarse por algún supuesto arco del lado oeste
de cuya existencia no hay ninguna constancia, ni tan siquiera indicios. Lo
presumible es que se efectuara el ingreso por alguno de los arcos 6 ó 7.
Induce a pensarlo así el hecho de que el podio sobre el que se alza la
arquería no da señales de haber estado rasgado hasta el suelo en ninguno
de los arcos subsistentes, y el que la actual portada parece lógico que se
emplazase en el mismo lugar por donde ya existía el acceso. Toda vez que
hay que descartar por lo dicho que el acceso se efectuase por el arco
central, el 5, se antoja más admisible que se hiciera por el 6, el más
próximo a él.
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Corresponde esta
imagen al extremo oriental del frente de la galería que se conserva
casi intacto en sus volúmenes, sin perjuicio del cerramiento y
alteraciones menores. En
esta otra imagen he superpuesto algunas líneas para mejor
definición de lo que iré exponiendo. La fábrica primitiva se aprecia
con total claridad distinguiéndose perfectamente de los añadidos. Así,
por la izquierda se ha adosado, en el sentido estricto de la palabra,
otra construcción sin interferir en la antigua, salvo una adaraja
practicada en ésta para apoyo de una piedra de enjarje señalada en la
segunda imagen con una "X"; por lo demás, se advierte la línea de
separación de ambas fábricas yuxtapuestas. Lo mismo, pero ahora sin
ningún elemento de trabazón, sucede por la derecha de ese machón de
esquina: se evidencia la línea vertical que define su paramento
primitivo en el que iría respaldada la primera pareja de columnas de
la arquería; al cerrarse ésta, la nueva fábrica ha quedado adosada
dejando en evidencia la línea de unión -o mejor, de separación- de
ambas fábricas. También se revela la hilada correspondiente a la
imposta que, como continuación del cimacio del adyacente capitel,
corría por el frente del machón y volvía por el paramento lateral por
donde todavía puede verse. |
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Resulta fácil de
comprobar que en el extremo occidental del frente de la actual fachada
no sucede lo mismo que en el oriental. También aquí ha habido un
adosamiento de una construcción posterior casi desmoronada cuya línea
de discontinuidad se reconoce a simple vista, entre otras cosas por la
diferencia en la composición de sus fábricas. Pero lo que no se ve es
un machón equivalente al del otro extremo o, en su defecto, al menos
una pilastra que necesariamente hubo de existir rematando la galería a
su término. Los paramentos externos tanto de la primitiva galería como
de su posterior cerramiento forman un mismo plano, por lo que
cualquier elemento constructivo de aquélla -salvo los retranqueados,
como las dovelas y las columnas- debería quedar ostensible y enrasado
con la nueva fábrica. No obstante, las hiladas de sillares del
cerramiento se prolongan en este extremo occidental hasta la misma
arista del muro, sin que puedan estar ocultando un machón o pilastra
angular primitivos. Simplemente estos no existen ya. Es más: esa
arista se forma por el encuentro del propio muro de fachada y otro
ortogonal que es el que actualmente cierra la galería por el lado de
poniente. La unión de ambos muros está reforzada por sillares
aparejados en la forma tradicional que alterna soga y tizón que
aparecen en perfecta correspondencia por ambas caras exteriores. Dado
el espesor de este muro y su acoplamiento trabado al frontal es
probable que no haya quedado espacio para la permanencia de las
columnas del arco correspondiente que han podido desaparecer también.
En definitiva, el pórtico no pudo acabar así, con un arco sin pilastra
o machón de esquina, de donde se colige que hubo un arco más y su
oportuno elemento de remate, de forma que se completaba una arquería
de nueve arcos, número impar usual en todas las galerías. |

En estas imágenes panorámicas de la fachada completa de la galería, en
la inferior de las cuales he trazado en rojo una línea tangente a las
chambranas y he marcado en azul los tendeles para una mejor definición de
las hiladas, se observan sin esfuerzo dos cosas: por una parte, que la
chambrana situada a la derecha de la portada está descolgada con respecto
a las demás, dando a entender que ese arco está falto de los primitivos
apoyos, esto es, que carece de las columnas que lo soportaban; por otra
parte, que existe continuidad de las hiladas de sillares a uno y otro lado
de la portada, la cual, como ahora veremos en detalle, ha sido encajada
con posterioridad en la fábrica de cerramiento previamente existente.

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Es elocuente esta
imagen sobre cómo se acopló la portada por su jamba izquierda a una
fábrica anterior. Para una mejor ilustración puede verse
esta otra imagen donde he señalado en rojo el despiece de la
portada y en azul el resto de los sillares. Es una buena práctica
constructiva la formación de adarajas para trabar dos fábricas entre
sí. A estos efectos, los sillares que forman la pilastra moldurada
izquierda sobresalen hacia fuera con alternancia en su mayor o menor
dimensión para que no haya coincidencia vertical en las llagas. De
haberse ejecutado simultáneamente la portada y el cerramiento, se
hubiera impuesto el despiece de aquélla y se habrían ajustado a él las
hiladas del resto de la fábrica que se habrían desarrollado en
perfecta concordancia. Pero aquí queda patente el desacuerdo entre las
dos fábricas cuyo forzado acople ha exigido la interposición de una
serie de sillares no prismáticos y desfasados para efectuar la
transición entre las hiladas del cerramiento y los bloques pétreos de
la portada. |
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En la jamba derecha
de la portada sucede otro tanto, por lo que es aplicable a la misma
todo lo antes dicho. También en esta ocasión se adjunta
otra imagen relacionada en la que he empleado la misma simbología
gráfica que en la anterior. La forma de ensambladura de la portada en
el muro hace sospechar que no se conserva la doble columna izquierda
del arco 8 que debería recaer en ese preciso lugar. |
Parece necesario admitir por todo lo visto que la galería no se cerró
en el siglo XVII a la par que se la dotaba de una portada al gusto de la
época sino mucho tiempo atrás. Apunta en este mismo sentido el diferente
tratamiento que presenta el cerramiento en la parte inferior hasta la
altura de la cornisa primitiva y en la elevación por encima de ella.
Denota dos momentos distintos de actuación sobre la galería; el segundo se
produciría cuando aquella estaba ya cerrada y fue necesario incrementar su
altura para enrasarla con la de la portada y alcanzar el plano de descanso
del estribo en que apoyan las armaduras de la cubierta. Aparte de
consideraciones arquitectónicas como las expuestas, hay otras que entran
en el campo de lo razonable. En efecto, una galería orientada al
septentrión debía ser de poca utilidad en aquellas frías tierras sorianas
(burgalesas hasta 1833, tanto da); no obstante hay constancia de que en
ella se celebraban las reuniones del concejo de la villa en época todavía
medieval. En concreto, en 1453, año en el que muere ajusticiado Álvaro de
Luna, conde de San Esteban de Gormaz, a quien el rey Juan II le confisca
todo su patrimonio, su esposa Juana Pimentel se hace fuerte en el castillo
de Escalona. La negociación con el rey conduce a la restitución parcial de
los bienes, entre ellos el condado de San Esteban al que pertenecía
Alcozar. El hijo de ambos, Juan de Luna, envía a un representante para
tomar posesión de la villa, acto que tiene lugar en la galería porticada.
No sería, pues, de extrañar que se hubiera sentido la necesidad de cerrar
aquel espacio para su mejor aprovechamiento antes de que en una reforma
posterior se incorporase al templo.
La iglesia actual
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Esta sería la traza
en planta de la iglesia en su última fase antes de entrar en ruina. La
comparación de este esquema con el de la supuesta planta original pone
de relieve el proceso de reformas al que habría sido sometida a lo
largo del tiempo. Pueden concretarse tales cambios en:
-
Cerramiento de la
galería porticada.
-
Acortamiento de la
galería por supresión del arco más occidental.
-
Ampliación de la
longitud de la nave para obtener espacio para el coro y el
campanario.
-
Creación de una
nueva portada e incorporación de la galería al templo mediante la
disposición de dos grandes arcos.
-
Adosamiento de la
sacristía a levante del pórtico.
-
Incrustación de
los dos arcos del lado izquierdo del presbiterio.
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En el muro del
presbiterio que aún se mantiene en pie existen dos arcos -ciego el
uno, perforado el otro para dar paso a la sacristía- que no parece que
hayan estado siempre allí. Son varias las circunstancias que así lo
denotan:
Llama la atención su posición descentrada, de forma que el arco
derecho se arrima estrechamente al fajón del ábside mientras que el
izquierdo queda ostensiblemente separado del arco triunfal. En la ya
mencionada iglesia de
San Martín, en Rejas de San Esteban, también existe una pareja de
arcos ciegos a cada lado del presbiterio, pero allí en perfecta
disposición centrada y simétrica como es lo habitual. En Alcozar no
sucede esto y no resulta difícil intuir las razones de tal
comportamiento. De haberse tratado de arcos ciegos puramente
ornamentales realizados en origen no hubiera existido impedimento
alguno para disponerlos de manera más equilibrada dentro del paramento
presbiterial; pero se colocaron más tarde, cuando se construyó la
sacristía, estando destinado el más próximo al arco triunfal a
proporcionar acceso a esta nueva estancia. Si se observa el esquema de
la planta se verá que en el encuentro del muro oriental de la galería
con el templo, en el lugar de quiebro del presbiterio y la nave al
trasdós del arco triunfal, se produce un potente macizo que condiciona
la apertura de huecos en esa zona, algo apreciable asimismo en
esta imagen en la que se manifiesta por encima de la cubierta el
espesor del muro a cuyo pie se ajusta la puerta. Necesariamente había
que salvar ese muro si lo que se pretendía era abrir un paso bajo el
arco contiguo. |
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Otro detalle
indicativo de que los dos arcos fueron colocados en el lugar que
ocupan tiempo después de construirse la cabecera, así como que
proceden de otro lugar y fueron reutilizados, es el que las tres
columnas sobre las que descansan poseen dos fustes, si bien dispuestos
de tal manera que únicamente aparece al exterior uno de ellos. En
efecto, en la imagen adjunta se ve un capitel doble de una sola pieza
colocado con el lado menor al frente y el resto embutido en la
fábrica, por más que ahora haya quedado al descubierto. Aunque en la
foto no, in situ puede constatarse que el fuste del fondo fue
sustituido por los sillares que forman la jamba de la puerta sobre los
que descansa la parte posterior del capitel, y que habría otro sillar
superior de hoja ocultando esta parte del capitel y la correspondiente
del cimacio. Se observa también que el propio capitel, además de su
cimacio, han sido cercenados por detrás, lo que hace que las dovelas
del arco tengan más profundidad que el mismo
ábaco. Ese exceso de fondo
obligó a rebajar el salmer y la primera dovela para alojar la cabeza
del dintel hoy desaparecido. |
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Otro tanto puede
decirse del apoyo izquierdo de la arcada. Se trata de una columna de
la que tan sólo se conserva el fuste delantero; no obstante, la base
del capitel pone de manifiesto que se sustentaba en dos fustes, de los
que el del fondo se ha removido para dar alojamiento a la jamba de la
puerta. También aquí se aprecia con claridad que el capitel es doble
de una sola pieza embutido en su mitad posterior en la fábrica de
cerramiento, y que el salmer, de tanto fondo o más que el ábaco, ha
sido recortado para dejar espacio al dintel. La
columna del otro extremo, aunque más oculta que las demás, aún
deja ver que dispone de un capitel doble con su lado corto al frente
como los otros. |
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Si se admite que los
dos arcos del presbiterio fueron colocados en fecha posterior a la de
construcción de éste y que no fueron diseñados expresamente para estar
en la ubicación y en las condiciones actuales, lo lógico es pensar que
se trata de los arcos 6 y 7 de la primitiva galería, los mismos que
hubo que retirar para encajar la portada. Por sus características
globales todo apunta a que así es, salvo un detalle: la galería estaba
formada por una arquería continua en la que todos los soportes, a
excepción de los dos extremos, estarían coronados por un salmer de
doble arranque que haría de base a los dos arcos concurrentes. Así
sucede en el apoyo central del presbiterio, el que aparece en esta
imagen, pero no en los extremos. No obstante, también puede observarse
en esta misma imagen los desajustes en tamaño y curvatura de algunas
dovelas que, lejos de concordar exactamente, dan lugar a una línea
poligonal más que a una circunferencia. Seguramente hubo que forzar
estas piezas, incluso incorporar otras ajenas, para obtener unos arcos
cuyas dovelas extremas descansasen directamente sobre los ábacos
correspondientes. |
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Este es el muro que
cierra la galería por su lado occidental. Se encuentra con el muro
norte de la nave en el lugar en el que se inicia la bóveda que
soportaba el coro, tal como se deduce de la planta; cumplía misión de
contrafuerte para asegurar la estabilidad del tramo final de la nave.
La uniformidad de la fábrica de mampostería de este muro denota que se
levantó de una sola vez, lo que hubo de suceder cuando la reforma de
la galería que incluyó la portada obligó a elevar aquella hasta su
actual rasante. En ese momento es cuando debió derribarse el último
arco de la galería para trabar el nuevo muro con el de cerramiento de
aquella, lo que dio lugar a la formación de la arista de sillares que
perfila ese ángulo en toda su altura. No cabe duda de que este muro es
posterior a la primitiva construcción; lo atestiguan algunos detalles
como la utilización entre los mampuestos de sillares bien escuadrados
que debieron aprovecharse de anteriores derribos y, más en concreto,
la aparición de piedras labradas como las que se muestran en
esta imagen que debieron pertenecer a la cornisa de la galería. |
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Una de las mayores
transformaciones sufridas por la iglesia se llevó a cabo en el fondo
de la nave. No porque haya pruebas sino por ser lo más común, hay que
suponer que la longitud de la nave y la de la galería serían iguales
en un principio, tal como se propone en el esquema de la planta
primitiva. Si así fue, en el momento en que se acortó la galería se
prolongó la nave para obtener el espacio suficiente para el coro. De
la existencia de éste da fe el arranque de la bóveda que volteaba de
lado a lado de la nave y el peldañeado de piedra de la escalera de
acceso, cuyo primer tramo sería de madera. Bajo éste, aún se puede
admirar el listel de puntas estrelladas y de bolas que adorna el borde
baquetonado de las primeras dovelas de la bóveda. Entre los escombros
yace
alguna de esas piedras como la que aquí se muestra. ¡Que la veamos
restituida muy pronto a su prístina ubicación! |
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