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Monasterio de San Vicente

fuente San Vicente (2004)


 

EL CARTULARIO DE SAN MILLÁN DE LA COGOLLA (1)

La existencia del Monasterio de San Vicente de Alcozar se dio a conocer a través de la publicación del Cartulario de San Millán de la Cogolla.

Los cartularios, como es sabido, fueron una especie de libros-registro en los que se inscribieron los títulos y contratos de los monasterios e iglesias durante la Edad Media. El excelente estado de conservación de algunos de éstos nos ha permitido conocer el texto completo de antiguos documentos hoy desaparecidos, ya que en ellos se procedió a su transcripción literal.

En lo que se refiere al Monasterio de San Vicente, supongo que existió un documento de fundación y, cosa común en la época, otro de consagración de su iglesia. Sin embargo, ambos -y posiblemente algunos más- debieron perecer sepultados bajo las ruinas del edificio.

El documento que voy a analizar a continuación es el único relacionado directamente con el Monasterio de San Vicente del que se tiene conocimiento hasta la fecha. Ha sido publicado al menos por dos autores: SERRANO y UBIETO, y otros muchos lo han citado en sus estudios sobre el monacato hispánico.

Transcribo a continuación las dos versiones que he manejado por encontrar entre ellas ligeras -aunque no despreciables- divergencias.

In nomine Christi redemptoris nostri. Ego igitur domno Petro, presbitero de villa nomine Alcozare, placuit mihi spontanea mea voluntate, ut pro me anime remedium, trado corpus et anima mea ad atrio beatissimi presbiteri, ubi corpus eius nos scimus esse tumulatum, simul cum sociis meis domno Vigilio et domno Iohannes et domno Galindo. Unanimiter accepimus abitum beatum Benedictum per manus abbati domno Gundissalvi in Sancti Emiliani. Ideoque in meam possessionem propriam et hereditatem hedificabimus et propriis manibus monasterium nomine Sancti Vincenti reliquiis ferente, sito inter flumen Doro et Alcozare et omnia nostra herediate, terris, vineis et pertinentio ad altare predicto sancto Emiliano offerimus, stabilimus et confirmamus per omnia secula, amen. Et ego igitur Fredinandus rex huic promissio interfui, assensum prebui, ad honorem Sancti Emiliani confirmavi. Et amplius vero pro me remedium anime requiro, iubeo ut quisquis homo ad predicto loco Sancti Vincenti, tam vivis quam pro defunctis dederunt vel comparare potueritis, liberum valentem vel solutum habeatis perhenniter.Si quis vero homo amodo deinceps ex notra generatione, propinquis vel extraneis vel cuilibet, hanc nostram promissionem ve confirmationem disrumpere aut temptare minuere voluerit, sit a Deo patrem omnipotentem maledictus, anathema cum Iudas traditore mancipatus, amen. Insuper a parte regali conferat talenta auri; et retemtu ad regula, duplatum. Facta carta in era Mª. LXXXª. VIª. Senior Nunnu Alvaret mediator qui actenus rexit confirmans, Gomessanus episcopus Burgensis confirmans, Cigga don Nunnu testis, Rodrico Bermudez testis, Didaco Gondissalvez testis, Sarrazin Hannez testis, domno Gudla de Alcozare testis, et toto concilio ad honorem Sancti Vicenti primum signum de Sancti Emiliani fuit datum et in eius cimber sonatum.

UBIETO: Cartulario de San Millán de la Cogolla, p 245-246, doc. nº 253

In nomine Christi redemptoris nostri. Ego igitur domno Petro presbitero. de villa nomine Alcozare, placuit michi spontanea mea voluntate ut pro me anime remedium trado corpus et anima mea ad atrio sanctissimi Emiliani presbiteri, ubi corpus eius nos scimus est tumulatum> simul cum sociis meis domno Vigilio et domno Johanes et domno Galindo unanimiter accepimus habitum benedictum per manus abbati domno Gundissalvi in S. Emiliani: ideoque in meam possessionem propriam et hereditatem hedificavimus ex propriis manibus monasterium, S. Vincenti reliquias ferente, situm inter flumen Doro et Alcozare, et omnia nostra herediate, terris, vineis et pertinentio ad altare predicto S. Emiliano offerimus, stavilivimus et confirmamus per omnia secula, amen. Et ego igitur Fredinandus rex, huic promissio interfui, assensum prebui, ad honorem S. Emiliani confirmavi; et amplius vero pro me remedium anime inquiro, iubeo ut quisquis homo a predicto loco S. Vincenti, tam vivis quam pro defunctis dederint, vel comparare potueritis, liberum, valentem vel solutum habeatis perhenniter. Si quis vero homo amodo deinceps ex nostra generatione, propinquis vel extraneis vel cuilibet hanc nostram promissionem vel confirmationem disrumpere aut temptare minuere voluerit, sit a Deo Patrem omnipotentem maledictus in anathema, cum Judas traditore mancipatus, amen; insuper a parte regali conferat talenta auri, et retemtu ad regula duplatum. Facta carta in era millessima octogesima sexta, sennior Nunnu Alvarez mediator qui actenus rexit, confirmans, Gomesanus episcopus Burgensis confirmans, Eigiga don Nunnu testis, Rodrico Bermudez testis, Didaco Gondissalvez testis, Sarrazin Hannez testis, domno Gudla de Alcozare et toto concilio testes. Ad honorem S. Vincenti primum signum de S. Emiliani fuit datum, et in eius cimber sonatum.

SERRANO: Cartulario de San Millán de la Cogolla, p 144-145, doc. nº 135

Este documento, datado en 1048 y escrito en latín, contiene la anexión del 

Monasterio de San Vicente de Alcozar al de San Millán de la Cogolla.

Comienza con una fórmula usual en el tiempo en el que se escribió: "en nombre de Cristo nuestro redentor", para continuar con otra, también habitual, que muestra la profunda religiosidad (2) de la época y sobre todo el miedo exacerbado a la condenación eterna, de suerte que buena parte de las donaciones que recibieron las iglesias y monasterios estuvieron impelidas por un deseo de congraciarse con las fuerzas que se suponía regían los designios del más allá. Así, el presbítero Pedro de Alcozar confiesa llevar a cabo esta acción "por su propia voluntad y para remedio de su alma", añadiendo a renglón seguido la que considero como palabra clave del texto: "trado".

La "traditio" es una fórmula por la que los pequeños monasterios se agregaron a las grandes abadías en búsqueda de protección, sometiéndose a cambio a su jurisdicción. Sabemos, por ejemplo, que durante los siglos de mayor esplendor, X-XII, San Millán de la Cogolla gobernaba más de cien granjas, prioratos y monasterios menores.

viñedo (2004)

 

Pedro de Alcozar, junto con sus compañeros Virgilio, Juan y Galindo, toman el hábito benedictino, lo que, teniendo en cuenta que esta regla monástica comenzó a extenderse en Castilla a mediados del siglo X, me lleva a suponer que estos cuatro monjes -tal vez los únicos que albergara el monasterio en aquel momento- siguieron las normas del monacato visigodo desde la fundación de San Vicente -supuestamente pocos años antes- hasta 1048.

Otro dato de interés es el que se refiere a las propiedades de monjes y abades, que, aunque contradicen la regla de pobreza que en teoría exigía la orden benedictina, resultó ser un hecho harto frecuente. Los monjes fueron propietarios no sólo de los monasterios, sino también de las tierras y posesiones que pasaron a sus manos a través de las múltiples donaciones con las que la nobleza solía pagar a estas instituciones la pretendida salvación de su alma. Pedro de Alcozar, según queda reflejado en el documento, gozaba de posesiones propias -heredades, tierras, viñas, etc.- y como tal consideró también el monasterio que dice haber construido con sus manos, aunque bien pudo ser que él -o su familia- se limitaran a correr con los gastos.

La construcción de monasterios familiares o propios y cenobios de fundación privada (3),  que proliferaron durante la Edad Media, fue uno de los medios utilizados por la nobleza para gozar de los privilegios, exenciones e inmunidades de todo tipo que les fueron concedidos por el poder real.

Además, hay que tener en cuenta que estos centros no fueron meros eremitorios dedicados a la vida de recogimiento y oración sino, la mayor parte de las veces, núcleos de explotación agraria.

La ubicación del monasterio, como suele suceder en los documentos de la época, es sumamente imprecisa. Únicamente se indica que está situado entre el río Duero y Alcozar. Sin embargo, una afortunada pervivencia del topónimo San Vicente, atribuido a un manantial, ha permitido su localización exacta; confirmada posteriormente por las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en 1992.

El rey aprueba la anexión a San Millán, concediendo a San Vicente inmunidad y libertades. Y aparecen como testificantes, entre otros, Gudla -supuesto señor de Alcozar- y todo el concejo de la aldea.

La era 1086 se corresponde con el año 1048, pues, como es bien sabido, se han de restar 38 para adecuar la primera fecha al sistema de datación actual.

El hecho de no haber encontrado ningún otro documento en el que el monasterio adquiera el protagonismo directo, dificulta en gran medida cualquier intento de análisis diacrónico. No obstante, el rastreo de otros documentos de índole diversa me ha permitido confirmar la existencia de este priorato o granja hasta el año 1226.

 

OTROS DOCUMENTOS RELACIONADOS CON EL MONASTERIO

Tres pergaminos que se encuentran en el Archivo Histórico Nacional (Sección Clero) mencionan personajes relacionados con este monasterio.

El primero -fechado en 1165- es una carta de donación, otorgada por la condesa Ermesinda de Narbona -viuda de Manrique de Lara (4)- y su hijo, el conde Pedro, a favor del abad de Santa María de La Vid, de una heredad que poseían en Alcozar, y en la que aparecen entre los testigos

...Don Gil capellano. Don Nazareno. de Alcozar el prior(5)...

Contiene el segundo -datado en 1188- una carta de venta, otorgada por Ordoño y Gonzalo Sebastiánez a favor del monasterio de Santa María de La Vid, de toda la heredad que poseían en Cubillas (granja situada en el actual término municipal de Alcozar) y en la que se citan como testificantes

...De Alcozar: Don Gil. Garci Martinez. Juanes Martin. Don Golsalvo. Martin Paian. Don Garcia el diacon. Domingo de Sancto Vincencio et suo germano...

Se trata el tercero de una carta, otorgada por María Manrique de Lara en 1190 confirmando la donación hecha por su madre -la condesa Ermesinda- al monasterio de La Vid en 1188, en la que se repiten los testigos del documento anteriormente aludido.

...Don Guillelmo el capellano. Don Gil de Coviellas. Garci Martinez. Iohannes Martinez. Don Gonsalvo. Martin Paian. Domingo Garcia el diacono. De Sant Vecent: Domingo...

Además de los pergaminos mencionados, FÉROTIN transcribe una bula de Urbano III, fechada en 1187, por la que el papa toma bajo su protección el monasterio de Silos y confirma sus bienes, entre los que se incluye la

...ecclesiam(6) Sancti Vincencii de Alcozar...

En 1191, también transcrito por FÉROTIN -que toma erróneamente el término "acemis" por "aceniis"- se firma un acuerdo entre el obispo de Osma y el abad de Silos para reordenar las posesiones que este monasterio tenía en aquel obispado, entre las que se alude a

...Sancto Vincentio de Alcozar cum acemis [aceniis] et prato et omnibus pertinentiis suis...

cita que se repite en la transcripción que VIVANCOS hace de un documento, fechado en 1201, por el que el abad de Silos entrega al obispo de Osma las posesiones acordadas en 1191, conservando para el monasterio

...Sancto Vincentio de Alcozar cum aceniis et prato et omnibus pertinentiis suis...

Por último, en un privilegio de Fernando III el Santo -fechado en 1226 y transcrito por LOPERRÁEZ- por el que manda se hagan pesquisas para resolver el pleito que mantenían las villas de San Esteban de Gormaz y Alcozar sobre aprovechamiento y comunidad de pastos, se indica

...et ipsi convenerunt in Sancto Vincentio, quod est yuxta Alcozar...

A partir de esta fecha -1226- no he encontrado documento alguno que se refiera directa o indirectamente al Monasterio de San Vicente, por lo que supongo que, tras la relajación y posterior decadencia de la orden benedictina -que comenzó hacia 1250- éste corrió la misma suerte que otros muchos cenobios y acabó convirtiéndose en ruinas.

silo (excavaciones 1992)

 

EXCAVACIONES ARQUEOLÓGICAS

Las excavaciones, si bien confirmaron la existencia y ubicación del monasterio, dejaron muchos otros puntos oscuros. Las características de las mismas -excavaciones de urgencia- no permitieron un análisis exhaustivo de los hallazgos más que en términos puramente arqueológicos, por lo que han quedado confusas o sin resolver varias cuestiones. La consideración de que las investigaciones llevadas a cabo hasta el momento son parciales y fragmentarias es lo que me ha movido a presentar estas notas en la Semana Cultural '95 confiando que puedan servir de punto de partida a futuros estudios sobre el tema.

HIPÓTESIS Y CONCLUSIONES

Sostengo la hipótesis de que se trató de un pequeño monasterio familiar o priorato basándola en la sorprendente ausencia de pleitos promovidos por o contra el Monasterio de San Vicente. En esa época los conflictos en defensa del patrimonio y derechos jurisdiccionales fueron muy frecuentes entre las abadías que contaron con amplias posesiones (Silos, San Millán, San Pedro de Arlanza, etc.) y que ejercieron un control político y administrativo sobre pueblos, aldeas y otros monasterios menores.

Esta falta de litigios me lleva a suponer que o bien el monasterio no poseía grandes propiedades que disputar -hecho hacia el que también apunta la falta de donaciones- o bien que San Vicente estuvo siempre agregado a otras abadías mayores -extremo que tenemos documentado al menos durante cierto período de tiempo- y que eran éstas (San Millán de la Cogolla o Silos) las que impulsaban las querellas contra los obispos y los nobles.

También desconcierta la absoluta carencia de donaciones por parte de la familia Lara al Monasterio de San Vicente, máxime cuando las prodigaron al de La Vid.

Se sabe que ciertas familias orientaron su predilección hacia determinadas abadías por razones puramente personales y no por proximidad a sus feudos, y además los dominios de los Lara se extendían por toda Castilla, pero tengo la impresión de que existieron otras razones -desconocidas hasta el momento- que justificarían el abandono en que la linajuda familia parece haber tenido a este pequeño monasterio.

Por otra parte, hay que tener presente que sólo conservamos una ínfima parte de los documentos que se escribieron en la Edad Media y, por tanto, bien pudiera ser que este desamparo fuera más supuesto que real y que las cartas o títulos también hayan desaparecido. Ciertamente es difícil -por no decir imposible- que el monasterio pudiera mantenerse durante casi dos siglos(7) sin contar con las dádivas -no siempre carentes de interés material- de la nobleza castellana, pues, como se ha indicado al principio, los monasterios conformaron su patrimonio a base de las donaciones de los nobles -únicas personas que durante la Edad Media contaban con propiedades.

De cualquier forma, y aun admitiendo la pérdida de documentos, las donaciones de los Lara -señores feudales de Alcozar y Cubillas durante varios siglos- no debieron ser en modo alguno numerosas cuando no se ha encontrado indicio de que favorecieran de modo alguno a San Vicente de Alcozar.

Tanto por lo anteriormente expuesto, como por su agregación a San Millán de la Cogolla, se podría afirmar que San Vicente no pasó de ser un monasterio familiar que no albergó a una comunidad monástica importante y que se limitó a ejercer funciones de núcleo de explotación agraria.

Aunque es bien conocido que una de las características de los benedictinos fue la de convertir los monasterios en centros de población, formados la mayoría de las veces tanto por gentes de la zona como por moros y judíos, en el caso de San Vicente albergo fundadas reservas sobre si existió o no poblamiento en las inmediaciones del recinto monacal, pues si bien el estudio arqueológico de las tumbas -al igual que el de la capacidad de los silos excavados- así lo confirmaría, el análisis documental lo desmiente casi categóricamente.

Las excavaciones arqueológicas pusieron al descubierto varias tumbas o enterramientos -de los denominados "de lajas"- tanto de personas adultas como de infantes. Aun teniendo en cuenta que no todos los individuos que conformaban una comunidades monásticas eran monjes, y el hecho conocido de que estos centros acogían a algunos jóvenes legos, la tierna edad de algunos cadáveres exhumados se ajustaría más a la existencia de un núcleo de población que a la simple presencia de un monasterio.

También es conocido que los nobles -fueran monjes o no- se hacían enterrar en algún monasterio, que a veces hacían servir como mero panteón familiar, pero este hecho no sirve de explicación en nuestro caso, pues los Lara se hicieron enterrar en monasterios de mayor relumbre y, como ya he indicado, no parece que sintieran inclinados a favorecer al de San Vicente. Además, la pobreza de las tumbas no se corresponde con la costumbre medieval de los nobles de hacerse construir sarcófagos que podrían calificarse como de suntuosos en aquellos tiempos.

Por el contrario, en el repetidamente aludido documento de 1048 -incluido en el Cartulario de San Millán de la Cogolla- se indica que el monasterio estuvo ubicado entre el Duero y Alcozar, con lo que se descarta la existencia de cualquier otro núcleo poblacional de cierta entidad en sus inmediaciones. Además, aparecen como testificantes Gudla -supuesto tenente o señor de Alcozar- y todo el concejo de la aldea, mientras que no se alude a personajes de ninguna otra población próxima, hecho que se daría por seguro en el caso de que hubiera habido algún asentamiento alrededor de San Vicente.

Por otra parte, el resto de la documentación analizada no hace sino confirmar esta última hipótesis, pues hasta 1226 -fecha del último documento encontrado- el monasterio se denomina de San Vicente de Alcozar, lo que me inclina a pensar que el cenobio se encontró siempre dentro de la demarcación territorial de este pueblo.

río Molinos o arroyo de La Fuente (2004)

 

Ahora bien, si descartamos la posibilidad de que existiera un núcleo poblacional, nos encontramos ante el dilema de cómo justificar la gran capacidad de los silos excavados.

Se sabe, y así lo confirman varios de los documentos manejados, que el monasterio contó entre sus propiedades con algunos molinos -de donde tomó el nombre el arroyo que lo circundó- pero la amplitud de los silos no parece corresponder a las necesidades de supervivencia de los escasos miembros que se supone conformaban una comunidad monástica incapaz de cultivar por si sola grandes extensiones de tierra.

Se podría buscar una explicación en la recogida de diezmos, pero como ya se ha indicado, el monasterio no debió ejercer su control sobre amplias tierras, lo que en principio invalidaría cualquier hipótesis que fuera en esta dirección.

El último punto oscuro es el que se refiere a la desaparición del monasterio sin que haya quedado ningún resto visible; pero no es un caso único de demolición absoluta. La misma suerte debió de correr el verdadero castillo de Alcozar, supuestamente ubicado en el otero Macerón, entre los predios denominados el Hornillo y Carrasomo. Ni un triste paño de muro podemos encontrar en la actualidad en esos terrenos, y sólo algunos restos de teja y cerámica denuncian la existencia de una antigua construcción.

En el caso del monasterio, como ya se ha apuntado, su desaparición debió correr pareja con la de otros muchos eremitorios de escasa entidad que dejaron de existir hacia mediados del siglo XIII.

Para acabar, desearía alentar a todos los alcozareños de hecho, de derecho y de adopción a que se interesen por el pasado y el presente de su pueblo; a que revisen libros y pergaminos polvorientos. Y confío en que, con el esfuerzo de todos y en un día no lejano, podamos conocer buena parte de nuestra historia y legar este conocimiento a esas nuevas generaciones que estoy segura de que sentirás en el futuro deseos de conocer la vida y las obras de sus antepasados.

 


 

BIBLIOGRAFÍA

ALDEA, MARÍN y VIVES: Diccionario de historia eclesiástica de España, Instituto Enrique Flórez, Madrid, 1972.

ARCHIVO HISTÓRICO NACIONAL: Sección Clero, carpeta 378, documento nº 9.

ARCHIVO HISTÓRICO NACIONAL: Sección Clero, carpeta 379, documento nº 5.

ARCHIVO HISTÓRICO NACIONAL: Sección Clero, carpeta 379, documento nº 4.

CANELLAS LÓPEZ, A.: Un documento soriano romanceado: infeudación del Castillo de Alcozar hacia 1156, en Homenaje a Francisco Yndurain, Facultad de Filosofía y Letras, Zaragoza, 1972.

FÉROTIN, M.: Recueil des chartes de l'Abbaye de Silos, Ernest Leroux, París, 1897.

LINAGE CONDE, C.: Los orígenes del monacato benedictino en la Península Ibérica, Centro de Estudios e Investigación "San Isidoro", León, 1973. 

LOPERRÁEZ CORVALÁN, J.B.: Descripción histórica del obispado de Osma, Ed. Turner, Madrid, reproducción 1978.

SÁENZ RIDRUEJO, C.: Soria durante la reconquista, en PÉREZ-RIOJA, J.A. (dir.): Historia de Soria, Centro de Estudios Sorianos, Soria, 1985.

SERRANO, L.: Cartulario de San Millán de la Cogolla, Madrid, 1930.

UBIETO ARTETA, A.: Cartulario de San Millán de la Cogolla (759-1076), Instituto de Estudios Riojanos, 1976.

VIVANCOS GÓMEZ, M.: Documentos del monasterio de Santo Domingo de Silos (954-1254), Ed. Garrido, Burgos, 1988.

DE YEPES, A.: Crónica general de la orden de San Benito, Ed. Atlas, Madrid, 1959.

 


 

estela funeraria medieval (2005)

NOTAS

(1) Este trabajo es fruto de mi colaboración con ARQUETIPO, S.L. en la elaboración del informe de las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en 1992.

(2) Entiendo por religiosidad la relación que establece el individuo o la comunidad con lo divino como medio para solucionar problemas específicos y, sobre todo en aquellos tiempos, para alcanzar la salvación.

(3) Recibieron también el nombre de granjas, término que deberá tenerse en cuenta dado que, en documentos relativos a Alcozar y fechados a partir del siglo XV, aparece una granja de Cubillas cuya ubicación no he conseguido precisar todavía, que se incluye entre las tierras de la Vega que fueron objeto de un censo enfitéutico que motivó varios pleitos con los monasterios de La Vid y el de Ntra. Sra. de los Valles hasta su redención en 1955.

(4) El linaje de los Laras fue uno de los más influyentes en Castilla durante la Edad Media, pudiéndose  atribuir la repoblación de Alcozar -hacia el año 912- a Gonzalo Fernández, fundador de esta casa y padre de Fernán González.

(5) Este término avala también la hipótesis que expondré a continuación y que se refiere a que el monasterio de San Vicente no pasó de ser una pequeña granja o priorato.

(6) Debe tenerse en cuenta que durante esta época los monasterios recibían también el nombre de iglesias.

(7) Período en el cual se puede demostrar su existencia documentalmente.

 

© Divina Aparicio de Andrés (1994)

Colaboración con ARQUETIPO, S.L. en la elaboración del informe de las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en 1992. Publicado parcialmente en Nvmantia, Arqueología de Castilla y León, nº 5, Junta de Castilla y Leon, 1991/1992.

 


© ASOCIACIÓN ALCOZAR - VOCALÍA DE CULTURA

 

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