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LOS COCHINOS

por Hortensia de Blas Morales (2004)

 

 

En Alcozar nadie los llamaba cerdos, todo el mundo decía cochinos.; sólo en el caso de las cerdas de cría se empleaba este nombre algunas veces.

Lo más normal era que se comprasen y criasen uno o dos cochinos para el consumo de casa, aunque había algunas familias que tenían cerdas de cría.

Nosotros, que yo recuerde, sólo tuvimos una cerda de cría, pero nunca tuvimos semental. Yo creo que en Alcozar no hubo sementales más que en contadas ocasiones, por lo que se llevaban las cerdas a cubrir a San Esteban de Gormaz y también a Zayas de Torre o a algún otro pueblo cercano. A veces llevaban la cerda andando por malos caminos y atravesando el monte.

En mi casa no teníamos semental, así que cuando la cochina salía verrionda había que llevarla a montar a San Esteban de Gormaz. Se notaba que estaba verrionda en que los genitales se le ponían rojos. La llevábamos en un carro. Para subir y bajar la cochina del carro costaba lo suyo. Se ponía un tablero en la parte trasera del carro y por esa improvisada rampa y, después de empujar toda la familia, conseguíamos que la cerda subiera. Luego era el cabeza de familia y algún hijo de los más mayores los que emprendían el viaje. Una vez llegábamos a San Esteban, otra vez había que convencer a cochina para que bajase del carro. El amo del semental ya estaba avisado de antemano, por lo que todo estaba preparado para que la pareja se acoplara. El semental estaba en su cortijo y se dejaba la cerda allí unos días, porque se intentaba varias veces para tener la seguridad de que la cochina se había quedado preñada. Esto solía durar hasta que se le quitaba la calentura. Luego se iba otra vez con el carro a recogerla.

A los cinco meses paría. Cuando se ponía de parto, comenzaba de nuevo el lío familiar, porque había que estar pendiente para cuando empezaran a nacer los cochinos. Nosotros, como ya he dicho, sólo tuvimos una cerda de cría y, como el parto se presentaba largo, mi madre se fue a preparar la cena y me mandó a mí que estuviera al tanto. Como era una novedad, llamé a algunos chicos y chicas del barrio para que me acompañaran y resulta que, cuando llegamos al cortijo, la cerda ya había parido. El caso es que a nosotros nos hacía mucha ilusión ver y tocar los cochinillos, así que, ni cortos ni perezosos, no se nos ocurrió mejor idea que entrar en el cortijo. No sabíamos que las cerdas se ponen muy agresivas después del parto si te acercas a los cochinillos, porque piensan que se los vas a quitar. La nuestra se nos tiró encima y tuvimos que salir de allí a escape para pedir ayuda a los mayores. Cuando llegó mi madre, la cerda se ve que se había puesto muy nerviosa por el alboroto que habíamos armado y, como era primeriza, resulta que pisó a dos cochinillos y los mató; además ya había tirado la "raidera".

Si no se tenía cochina de cría, se iba a comprar los cochinos a la feria de San Esteban. Depende de la economía familiar y del número de miembros, se solía comprar uno o dos. Y, si se tenía una cerda de cría, la familia se quedaba con uno o dos (los que necesitaba) y los demás se llevaban a vender también a la feria de San Martín de San Esteban o cualquier martes al mercado de este mismo pueblo. Se vendían cuando tenían dos o tres meses.

 

Cuando se destetaba a los cerdos, se les echaba para comer patatas cocidas con harinilla, es decir, harina de centeno. Luego, cuando ya eran más grandes, comían: en verano hojas de remolacha con salvado y en invierno patatas, remolachas y berzas. En invierno había que cocer todo en un caldero. Algunos días las patatas también nos servían a nosotros de desayuno. Cogíamos las patatas del caldero, las partíamos por la mitad, las echábamos un poco de sal y un chorro de aceite y nos sabían a gloria.

En la primavera, o bien los abuelos o los chicos después de salir de la escuela, iban a escardar y se reservaban los cardos tiernos y las borrajas como alimento para los cochinos. Con esta alimentación sana y ecológica los cerdos iban creciendo, y en llegando el invierno todos, pero especialmente los chicos, empezábamos a soñar con el día de la matanza.


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