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EL CUIDADO DE LOS NIÑOS

por Matilde Riaguas Heras y Eusebia Romero Riaguas (1994)

 

 

MATILDE: Yo crié a mis hijos gracias al pecho. Entonces no había ni papillas ni nada, sólo les dábamos el pecho y sopas de aceite con un poco de azúcar. Cuando eran un poco más mayores les hacía por la mañana harina tostada en la sartén y les decía: tomad chocolate, y ellos untaban el pan como el que tomaba chocolate.

De principio, se ponían unas mantillas a los niños. Se ataban con una fajita y ese era el traje hasta que tenían más de un año, o "sigún"[1] pillara el tiempo. Claro, si pillaba ahora en el verano y hacían ya el año, pues les quitábamos las mantillas. Pero entonces teníamos a los niños mucho tiempo con las mantillas, porque teníamos que salir de casa a lavar y a buscar el agua y a todo, y no era como hoy que lo tienen en casa. Es muy diferente la vida de hoy a la de cuando me he criado yo y he criado a mis hijos. Hoy hay todas las comodidades en casa y entonces no las teníamos.

Cuando se quitaban las mantillas, si era chica, pues se la ponía un vestidito; eso se llamaba "poner en corto".

El día del Corpus, como tú sabes, se hacía un altar. En ese altar se tumbaba a los niños, y luego les bendecía el cura al pasar la procesión. El altar se hacía en la Plaza y se adornaba con colchas y con tiestos. En el suelo se ponía una sábana de las más bonitas que teníamos, con puntillas y bordadas y un almohadón para que pusieran la cabeza los niños más pequeños. También se adornaban los balcones con colchas o ropas.

Se decía que los niños tenían la "sesera" blanda, que no la tenían "entodavía"[2] tiesa como lo demás de la cabeza; que no habían cerrado "entodavía" la cabecita.

Para enseñar a los niños a andar, cogíamos un pañuelo y se le poníamos sobre la cintura y por debajo de los brazos. Luego cogíamos las dos puntas del pañuelo y así les llevábamos a andar; les poníamos el pañuelo para que no se "caerían"[3]. También se usaban las varillas, el carretón y el andador.

 

Andador. Museo Casa Rural

 

El andador era de madera, y tenía tres ruedas. El niño se agarraba al palo de arriba y así iba andando. El carretón era como un asiento, y allí se metía al niño para que no se "movería". Y las varillas eran dos varas en las que iba metido una cosa de madera parecido a un cajón. El cajón tenía un redondel[4] por donde se metía al niño, y ese cajón corría por las varillas para que la criatura pudiera andar. El niño ponía los pies en el suelo y empujaba el cajón; de esa forma corría una vez para un lado y otras veces para el otro.

Los niños, de pequeñitos, solían coger el "salampión"[5]. Cuando mis hijas cogieron el "salampión", se cuidaban ellas solas y yo me iba a "acarriar"[6]con mi marido. Primero cayeron la Domi y la Cari y luego el José y la Eusebia. Como pilló en el verano y yo tenía que ir a trabajar, se cuidaron ellos solos.

EUSEBIA: No podíamos beber agua, y teníamos que tener la ventana y la bombilla tapadas para que no nos hiciera daño la luz en los ojos. Un día teníamos mucha sed, y mi hermano José insistía en que bajara a buscar agua y yo le decía que no, porque me iban a pillar, pero tanto insistió que al fin bajé y me pilló mi madre cuando iba por medio de las escaleras.

MATILDE: A mí no me ha ayudado nadie a criar a los hijos. Ellos se han cuidado los unos a los otros. Mi madre vivía en el barrio de abajo y no podía subir a la plaza a ayudarme.

Yo he criado a mis hijos tan juntos en siete años los cuatro que no he podido ni enseñarles a hablar. Como iba al campo, no tenía tiempo para nada, sólo los veía un momento por la noche.

EUSEBIA: Yo jugaba con mis hermanos y, para entretenernos, cantábamos aquello de:

Toca manitas

que viene papá.

Tócalas tú,

que está en casa ya.

MATILDE: Yo daba de mamar a la más pequeña y a los demás les dejaba una "puchera" de sopas y ellos solos se las comían.

 

foto cedida por Claudia Pastor Romero

 

EUSEBIA: Yo cogía a mi hermana y me la "escarrampaba" en la cintura; y en la otra mano llevaba la "puchera".

Yo jugaba con mis hermanos. Unas veces hacíamos hoyos en el suelo y poníamos alfileres y papeles de colores. También jugábamos a las tabas.

Cuando eran pequeños mis hermanos les cantaba para que se durmieran:

Duérmete mi niño,

duérmete mi amor;

duérmete mi niño

de mi corazón.

A dormir va mi niño

de los rosales,

a dormir va mi niño

porque ya es tarde.

Nosotros nos hemos criado bien. Salíamos sanos y fuertes y con ganas de comer sopas de azúcar.

MATILDE: Gracias a Dios yo he tenido mucha leche y he criado a mis hijos con el pecho. Pero había mujeres que no tenían leche, entonces buscaban a otra que estuviera criando para que diese de mamar a su hijo hasta que la bajaba la leche.

EUSEBIA: El pecho también era bueno para el dolor de oídos. Se ponía leche en un dedal, pero esa leche tenía que ser de una mujer que estuviera criando una niña para que curase el oído de un niño, o sea, que los niños tenían que ser del sexo contrario. Y le tenían que poner unas gotitas en un dedal, y desde el dedal se le echaba en el oído. Esto calmaba de verdad; era como mano de santo.

Cuando les empezaban a salir los dientes les dolía la barriguita. Entonces cocíamos agua con anises y se lo dábamos a chupar como si fuera un chupete.

MATILDE: Como no teníamos chupetes, se hacía una muñeca de azúcar. Se cogía un trapito, echábamos azúcar, y lo atábamos haciendo como la forma de una teta. El trapo tenía que estar bien limpio, porque luego el niño iba chupando y sacaba el azúcar.

Sonajeros había pocos, porque entonces estaban escasos los dineros; éramos muy pobres.

Cuando se escocían, rascábamos las paredes. De que les lavabas, como no teníamos dinero para comprar polvos de talco, pues se rascaban las paredes y se les echaba un poco de "jalbiegue"[7].

Los pañales eran de tela, de retor. También llevaban una camisilla y un "jugón"[8]. El "jugón" era como una especie de chambrita[9].

EUSEBIA: Primero se les ponía el pañal, luego la mantilla; después le ponías la faja, que la dabas unas cuantas vueltas para que sujetara el pañal.

En la cama se ponía un pellejo[10]. Cuando el niño era pequeño y se orinaba, pues ponías el pellejo a secar; pero, cuando eran más mayores, pues tenías que cambiarlos: poner uno y lavar el otro, y después los tendías en la bardera[11] del corral a que se secaran al sol.

foto cedida por Ana Pastor Romero

 

MATILDE: Los niños dormían con los padres hasta que eran ya mayorcitos, y luego en una cama todos juntos. Cuando mi marido se fue a la guerra, yo estaba en estado de mi hijo y dormíamos en la misma cama mi Dominica, la Eusebia, la Victoriana y yo. ¡Menos mal que era una cama de hierro de las que vendían entonces...! porque si llega a ser de las de banquillos... Pero también he dormido en "cama de burros" y con el colchón de vencejos[12], de los ataderos con los que se ataban los haces. Quitábamos el nudo cortándolo con una hoz y luego "enllenábamos"[13] el colchón o el saco. Pero encima poníamos pellejos de las ovejas. Eso hacía ruido cuando te dabas la vuelta para un lado y para otro pero, como teníamos sueño, no lo oíamos. ¡Ay, Dios, en qué miserias hemos vivido!

EUSEBIA: Nosotros dormíamos los cuatro en la misma cama: dos para adelante y dos para atrás. Eso cuando éramos pequeños, luego, cuando fuimos más mayores, ya no. Luego dormíamos en "cama de burros", que también se llamaban de banquillos, y con el colchón de hojas de maíz. Entonces vivíamos sin cinco duros, pero siempre contentos y cantando y ahora, que tenemos mil pesetas de sobra, no estamos nunca conformes ninguno. Por la noche... esperando a que se cocieran las patatas deshechas. Las dábamos unas vueltas con la cucharrena y estaban riquísimas.

MATILDE: Y después íbamos a la envidia; a aplicarnos el puchero y lo que quedaba en la cucharrena. Entonces sabían las patatas mejor que hoy la carne, porque no sobraba de nada y porque no se echaban insecticidas, ni abonos, ni nada, y por eso tenían tan buen gusto.

EUSEBIA: No se las echaba nada: basura y agua del cielo.


[1] Arcaísmo utilizado en lugar de según.

[2] Localismo empleado en lugar de todavía.

[3] En Alcozar es muy usual emplear el condicional en lugar del presente de subjuntivo.

[4] Agujero redondo.

[5] Localismo usado en vez de sarampión.

[6] Acarrear, transportar la mies a las eras.

[7] Jalbegue. Polvo blanco que, mezclado con agua, se empleaba para pintar las paredes.

[8] Palabra empleada en Alcozar en lugar de jubón.

[9] Especie de chaleco ajustado al cuerpo.

[10] Piel de una oveja o cordero con la correspondiente lana.

[11] Cubierta de ramas de enebro, leña o esparagañas que se ponía sobre las tapias de los corrales, colmenares y otros recintos sin techumbre.

[12] Atadura que se hace con paja de centeno y sirve para recoger la mies en gavillas.

[13] Localismo utilizado en lugar de llenábamos.


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