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PORTAL ALCOZAR

EL ESTANCO DE ALCOZAR

por Carmen Ramírez Rejas (1995)

 

casa en cuyo portal se encontraba el estanco de Alcozar"

 

El único estanco que hubo en Alcozar durante muchos años, lo regentaba mi padre, León Ramírez Torres, quien compaginaba el trabajo de expender tabaco, cerillas y sellos con las faenas de labrador.

Mi padre, además de los dos oficios que he señalado, era también músico -o "gaitero", como se decía en aquellos tiempos- e iba con su dulzaina a tocar aquella música que permitía que todo el mundo bailase sin descanso durante las fiestas de los pueblos cercanos.

Mi madre, además de las labores propias de la casa, ayudaba a mi padre en el campo -cosa que hacían todas las mujeres por aquellos entonces- y también echaba una mano en el estanco.

En el estanco, además de vender tabaco y cerillas -con cuyas cajas hacían los chicos "palepes" para jugar- se expendían sellos, sobres y demás material necesario para escribir cartas.

Los estanqueros con sus hijas y yernos (foto cedida por Carmen Ramírez Rejas)

 

No existía un horario de venta determinado. Cada cual se dirigía al estanco cuando necesitaba alguna cosa de las que allí se vendían, y era atendido fuera la hora que fuera y aunque en aquellos momentos estuviéramos comiendo o cenando. Eso sí, en contrapartida, los compradores no tenía inconveniente en volver más tarde si encontraban la puerta cerrada porque no había nadie en casa.

El estanco consistía en un sencillo armario de madera instalado contra una de las paredes del portal de la casa. En él se guardaban cerillas, sellos y, sobre todo, paquetes de tabaco picado de los llamados de "cuarterón" y librillos de papel de fumar. Este tipo de tabaco era el único que se consumía habitualmente, y sólo en contadas ocasiones se vendía algún paquete de cigarros semiliados, que recibía el nombre de "caldo".

El estanco era una actividad secundaria que -al igual que la de "gaitero"- no daba para vivir, por lo que mis padres debían compaginarla con su ocupación principal, que era la labranza.

Después de la Guerra Civil, el tabaco estuvo racionado durante algunos años. Mi padre tenía que ir a comprarlo a Burgo de Osma. Esta compra se hacía una vez al mes, y se llamaba "hacer la saca". Aunque hoy ya jubilado, Marcelino, hijo del antiguo propietario, sigue regentando con sus hijos ese estanco del Burgo.

Además de la venta en Alcozar, mi padre se desplazaba también al cercano pueblo de Bocigas de Perales a expender tabaco y, si al final de mes y antes de proceder a "la saca" siguiente, sobraba algo, se desplazaba hasta Langa de Duero para venderlo.

Mi padre murió en 1961, cuando contaba 77 años de edad, pero ya hacía algún tiempo que apenas si se vendía tabaco en el estanco, pasando a expenderse estos artículos en las tiendas de comestibles, donde se podía comprar igual un kilo de tocino que unas alpargatas; un "panal" de jabón o un litro de aceite.


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