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IR A LAVAR AL ARROYO (I)

por Carmen Andrés Hernando (1994)

 

ir a lavar (simulacro 1998)

 

Antes de que se construyera el lavadero en 1959, íbamos a lavar a los arroyos. En aquellos años no había tanta sequía, y corría el agua por cualquier sitio. Había muchos manantiales por el campo. Las mujeres del Barrio de Abajo solíamos lavar en el arroyo de La Fuente, y las del Barrio de Arriba lo hacían en Las Balsas, lugar que les quedaba más a mano. Años después, se hicieron unos pilones para lavar en La Fuente Grande y otros, más pequeños, en El Caño. Y por fin, como ya he dicho, se construyó el lavadero, que se utilizó hasta que metieron el agua en las casas y pudimos comprar lavadoras.

Para lavar por el método antiguo se empleaban muchas horas, y se pasaba frío en invierno -nos salían sabañones en las manos- y en verano teníamos que aguantar al "resistero" del sol. Si nos pillaba un algarazo nos poníamos de chupa de dómine; y si helaba -cosa corriente en Alcozar desde noviembre a marzo en aquellos tiempos- teníamos que romper el hielo con una piedra para poder lavar.

Si llevábamos mucha carga, poníamos el balde sobre la albarda de la burra. Si la ropa no era tanta, la llevábamos en cubos metidos en las aguaderas y, por último, si, como solíamos decir, sólo teníamos cuadro piezas, la transportábamos nosotras mismas en un cubo que llevábamos a la cabeza. Para que el cubo asentara mejor y para que no se nos clavara el aro del culo, nos poníamos un rodete. El rodete lo hacíamos retorciendo una toalla o alguna pieza de tela fuerte y haciendo una especie de ruedecilla. El cubo lo sujetábamos con una de las manos, mientras que con la otra cogíamos la losa, en cuyo cajón llevábamos los panales[1] de jabón y el azulillo.

IR A MOJAR: El primer día se iba a mojar, que consistía en dar jabón y restregar la ropa. Una vez restregada o estregada -se decía de las dos formas- y quitada la primera suciedad, se esbandía, es decir, se aclaraba un poco y se volvía a dar jabón y restregar por segunda vez  la prenda bien escurrida. Generalmente se colocaba una piedra lisa al lado de la losa y se iban colocando las piezas ya restregadas una encima de la otra, haciendo un montón o rimero. Cuando se había acabado de mojar toda la ropa, se volvía a dar la segunda jabonada y se iba poniendo en el balde o cubo bastante apretada. Acabada esta faena, se cargaba la burra, que se colocaba en un lugar más bajo para que costase menos echar el balde encima y se llevaba la ropa a casa dejándola reposar hasta el día siguiente.

Después de la siega, como se había acumulado mucha ropa sucia, se iba a lavar para todo el día. En estas ocasiones se llevaba la comida en las aguaderas y se paraba un rato para tomar los alimentos bajo algún árbol cercano.

QUITAR EL JABÓN: El segundo día se quitaba el jabón. Consistía este trabajo en volver a restregar y aclarar bien la ropa. A continuación y ya en casa, se extendía sobre las cestas de colar[2] que a su vez se colocaban dentro de un estremijo[3]. Después, si se trataba de ropa blanca (lino, lienzo o retor moreno) se echaba agua caliente por encima. En este caso se extendía de modo que las sábanas quedasen en el fondo y después de iba colocando la ropa menuda. El agua se mezclaba con ceniza -que hacía la función de lejía o desinfectante- colada previamente con una escarpeta[4] para que no cayesen los tizones a la ropa, y se dejaba en reposo toda la noche para que la ropa quedara blanca.

ACLARAR: Esta faena se realizaba el tercer día. Había que llegar a la fuente o arroyo muy pronto, con el toque de alba. Se llevaba una vara larga que se colocaba atravesada en el arroyo, y se ponían escarpetas para impedir que subiera el jabón hasta el lugar donde se pretendía aclarar.

Acabado el aclarado, se cargaba la ropa blanca en el burro o burra, colocándola por encima de la albarda. Primero se ponían las sábanas bien dobladas y encima la ropa interior. La ropa de color se metía en las aguaderas. Para que no se moviera la ropa que iba sobre la albarda, se colocaba una escarpeta por encima.

Las mujeres se colocaban de forma ordenada en la fuente o en los arroyos, de acuerdo con la faena que iban a realizar. En la parte de arriba se ponían las mujeres que debían aclarar, inmediatamente después lo hacían las que estaban quitando el jabón, a continuación las que iban a mojar y, por último, las que llevaban prendas de color y "piales"[5] o ropa muy sucia.

Para arrodillarse a lavar se utilizaban las losas, que eran de madera, con una parte estriada en la que se restregaba la ropa y un cajón abierto donde se hincaban las rodillas.

tendiendo en la leñera (simulacro 1998)

 

A las mujeres se les encentaban o agrietaban las manos con frecuencia por efecto de la sosa que contenía el jabón, y las culebras se acercaban a las losas cuando se encontraba alguna lavandera que se encontraba en período de lactancia.

La ropa se tendía en las leñeras -sobre las gavillas y procurando que no pegase en el suelo- o en algún matorral para que se secase al sol. Si el tiempo estaba lluvioso se tendía en las "tinadas" o "tinaos"[6].

El jabón casero se hacía mezclando 3 litros de agua, 3 litros de grasa derretida o aceite, medio kilo de sosa y un cuarto de kilo de polvos de talco para que diera buen olor. A veces se añadía un chorro de azulillo para que el  panal de jabón tomara un aspecto similar al que se adquiría en las tiendas de ultramarinos.

Se daba vueltas a todos los ingredientes hasta que la mezcla quedaba cuajada, y después se vertía sobre un cajón y, cuando se había enfriado, se partía en trozos y se guardaba para ir gastándolo según se necesitaba.


1] Trozo de jabón generalmente de elaboración casera. Se hacía con sosa, manteca derretida y desechos de aceite y grasa.

[2] De donde procede hacer la colada, frase que se empleaba antaño para aludir a la tarea del lavado de la ropa.

[3] En otros lugares recibía el nombre de entremijo, y era una especie de cocción o tinaja con una ranura en el borde superior para que saliera por ella el agua sobrante.

[4] Recibía también el nombre de carpeta, y consistía en un trozo de tela con la trama y la urdimbre suficientemente separadas para que permitieran pasar la ceniza.

[5] Peales. Calcetines confeccionados a mano con lana de oveja.

[6] Tenada. Espacio cubierto por tejado que se empleaba generalmente para guardar el alimento de los animales.


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