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Entrad,
compañeras mías,
entrad,
si queréis entrar,
que
aquí está la capitana
que
venimos a buscar.
Tomemos
agua bendita
y
pasemos adelante;
hagamos
la reverencia
a
esa imagen tan brillante.
Levantaos
compañeras,
por
medio de tanta gente,
a
ver si ha resucitado
aquel
cordero inocente.
Coged,
doncellas, la Virgen,
coged,
mozos, el Señor,
a
ver si ha resucitado
aquel
cordero de Dios.
CogeCoge
y
el señor cura el cordero,
coged,
doncellas, la Virgen
para
adorno de este pueblo.
Adiós,
niño pequeñito,
estrella,
bello lucero,
coronadito
de flores
en
las eras te veremos.
Abre
las puertas, portero,
ábrelas
con alegría,
que
por ellas sale y entra
nuestra
princesa, María.
Por
ahí 'bajo van los hombres
con
el lucero del día,
y
por aquí las mujeres
con
la princesa María.
Con
Dios, el primer altar,
y
también los cuatro altares,
y
la Virgen del Rosario
que
del Paraíso sale.
Levanta
el vuelo, paloma,
de
este palomar florido;
levanta
el vuelo, paloma,
en
busca de tu hijo querido.
De
la fuente sale el agua,
de
la huerta la verdura;
de
la Virgen del Rosario
sale
toda la hermosura.
De
la fuente sale el agua,
de
los álamos el viento;
de
la Virgen del Rosario
memoria
y entendimiento.
Virgen
Santa del Rosario,
cuando
vas en procesión,
todos
los campos se alegran
al ver tan
hermosa flor.
Cansada
y rendida vengo
de
subir la cuesta arriba,
pero
vengo enamorada
con
la princesa María.
Ya
asoma la cruz de plata
y
el colorado pendón;
ya
asoma la cruz de plata
y
detrás nuestro Señor.
Mírale
por donde viene
aquel
divino Señor,
nos
alumbra con su rayo,
Pascua
de Resurrección.
Buenos
días tengan todos:
al
señor cura el primero,
la
segunda a la justicia,
y
después a todo el pueblo.
En
la cruz se han juntado
la
Virgen y el Redentor;
en
la cruz se han juntado,
Pascua
de Resurrección.
Quitad
el manto de luto,
que
es un manto muy lutado;
quitad
el manto a la Virgen
que
su hijo ha resucitado.
Dad
gracias a esa señora,
bien
se las podemos dar,
porque
ha quitado el luto
a
la Reina Celestial.
Dad
gracias a esa señora,
las
damos y las daremos,
porque
ha quitado el luto
a
la Virgen de los cielos.
Dad
gracias a esa Señora,
bien
se las podemos dar,
porque
se ha muerto su hijo
y ha vuelto a
resucitar.
Estrella
del alto cielo,
lucero
de mar a mar,
aquí
tienes a tu hijo,
no
lo vayas a buscar.
"Regina
celi letare"
el
señor cura ha cantado;
aleluyas
a María,
que
su hijo ha resucitado.
Ya
repican las campanas,
ya
vuelve la procesión;
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ya
ha resucitado Cristo,
Pascua
de Resurrección.
Aleluyas
a María,
bien
se las podemos dar,
porque
se ha muerto su hijo
y
ha vuelto a resucitar.
Estas
son las llanas eras,
coronaditas
de flores,
donde
cogen las espigas
los
hermosos labradores.
Corona
de oro macizo,
con
brillantes a la orilla,
se
merece esta Señora,
y
su manto de plata fina.
Tienes
manto de divina,
corona
de fina y grana,
nuestra
devoción se inclina
a
ti, reina soberana.
Eres
imagen del cielo
con
el cetro y la corona,
sólo
te faltan las alas
para
ser blanca paloma.
Eres
la flor más bonita,
escogida
en primavera;
el capullo más
hermoso
que
se cría en esta tierra.
De
los cielos ha venido
un
pintor a retratarte,
que
no hay pintor en la tierra
que
tu hermosura retrate.
Vecinos
y moradores,
que
vivís en este barrio,
tened
cuenta de esta rosa,
de este clavel
encarnado.
Qué
es aquello que reluce
debajo
del campanario,
ni
es estrella ni es lucero,
que
es la Virgen del Rosario.
Qué
es aquello que reluce
debajo
del campanillo,
ni
es estrella ni es lucero,
que
es la Virgen con el Niño.
Estas
puertas son de pino;
merecen
ser de cristal,
que
por ellas sale y entra
nuestra
Reina Celestial.
En
el medio de la iglesia
ha
florecido un rosal,
las
hojas se van al coro,
las
rosas van al altar.
María,
vienes cansada
de
andar tan largo camino;
toma
aposento y descansa,
Madre
del Verbo Divino.
Ya
hemos dejado la Virgen
donde
la hemos cogido,
solamente
la dejamos
con
diferente vestido.
La
hemos cogido de luto,
la
dejamos de alegría;
en
las eras han quitado
el
luto que ella tenía.
Salga,
salga el sacerdote
de
su linda sacristía
a
decir misa solemne,
que
así lo requiere el día.
Ya
ha llegado el ofertorio,
señores
de ayuntamiento,
suban,
suban a ofrecer
en
nombre de todo el pueblo.
Subid,
compañeras mías,
a ofrecer también
vosotras,
que
con eso honráis a Dios,
señor de todas
las cosas.
Cuando
levantas la hostia,
todo
el mundo, arrodillado,
en
oración fervorosa
que
abreva todo cristiano.
Ya
se ha acabado la misa,
y
a los cielos ha subido;
los
ángeles le han cantado,
María
le ha recibido.
Ya
se ha acabado la misa
y
también el evangelio;
recibidla
el señor cura,
recibidla
todo el pueblo.
Adiós
Virgen, madre nuestra,
bella
Virgen del Rosario;
nuestro
corazón tu amor
guarde
como un relicario.
No
se encontrará un pintor
que
se atreva a retratar
una
cara tan bonita
que
en estas andas está.
Adiós,
Virgen del Rosario,
adiós,
pimpollo florido,
adiós,
Virgen del Rosario;
aunque me voy,
no te olvido.
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