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ROSINA
ENCARNADA
Ya
venimos de la tierra de África,
ya
venimos de la tierra mora,
porque
todo lo trae el querer;
ya
venimos a tierra española.
Me
decías, Rosina Encarnada,
me
decías que no me olvidabas,
y
ahora vengo a casarme contigo
y
me encuentro que ya estás casada.
Sí,
es verdad que me encuentro casada
y
mis padres la culpa han tenido;
me
juraron de darme la muerte
si
seguía tratando contigo.
Si
tus padres la culpa han tenido
y
de muerte a ti te amenazaban,
para
qué es el papel y la pluma:
para
haberme sido declarada.
Si
te acuerdas del mantón de grana
que
del África yo te mandé...
Sí
me acuerdo del mantón de grana
y
de varios regalos también.
Si
te acuerdas del pañuelo de seda
que
de novios yo te regalé,
y
ahora que me has olvidado,
el
pañuelo devuélvemele.
Si
te acuerdas del espejo de plata
que
yo en él tu retrato metí,
y
ahora que me has olvidado,
que
no puedo yo vivir sin ti.
Si
tu gastas puñal de dos filos
y
la muerte me vienes a dar,
matarás
una fiel criatura
que
en mi vientre inocente estará.
Yo
no mato a una fiel criatura,
que
es un ángel que vive inocente,
de
que nazca y en el mundo viva,
yo
a ti sola te daré la muerte.
Ya
dio Rosina a luz
una
niña más bella que el sol,
y
Rosina la pone a su hija,
que
su padre así lo mandó.
Ya
sale Rosina a misa
y
su novio al encuentro salió.
Ahora
vengo, Rosina encarnada,
ahora
vengo a lograr mi intención.
Si
tu gastas puñal de dos filos
y
la muerte me vienes a dar,
mira,
mira que te llevan preso
con
la Guardia Civil por detrás.
No
me importa que me lleven preso,
y
al momento, rápido sacó
un
terrible puñal de dos filos
que
a Rosina en el pecho clavó.
A
los gritos de Rosina,
su
marido al encuentro salió.
Dime,
dime, Rosina encarnada,
dime,
dime, quién te asesinó;
dime,
dime, Rosina, Encarnada,
dime
quién ha sido ese traidor.
TRANQUILO
/ versión 1
El
rey moro tiene un hijo
que
Tranquilo se llamaba,
que
Tranquilo se llamaba,
que
Tranquilo se llamaba,
Un
día, estando comiendo,
se
enamoró de su hermana,
se
enamoró de su hermana,
se
enamoró de su hermana.
Como
no podía ser,
cayó
malito en la cama,
cayó
malito en la cama,
cayó
malito en la cama.
Ya
sube su madre a verle.
Hijo
mío, ¿qué te pasa?,
hijo
mío, ¿qué te pasa?,
hijo
mío, ¿qué te pasa?.
Tengo
unas calenturitas
que
me traspasan el alma,
que
me traspasan el alma,
que
me traspasan el alma.
¿Quieres
que te mate un ave
de
los que vuelan por casa?
de
los que vuelan por casa,
de
los que vuelan por casa.
Sí,
quiero que me lo maten
y
me lo suba mi hermana,
y
me lo suba mi hermana,
y
me lo suba mi hermana.
Como
era tiempo verano,
subió
en enaguas blancas.
subió
en enaguas blancas,
subió
en enaguas blancas.
La
cogí por la cintura
y
la eché sobre la cama,
y
la eché sobre la cama,
y
la eché sobre la cama.
Mira,
hermano, mira, hermano,
mira
que yo soy tu hermana,
mira
que yo soy tu hermana,
mira
que yo soy tu hermana.
Si
eres mi hermana, que seas,
no
haber nacido tan guapa,
no
haber nacido tan guapa,
no
haber nacido tan guapa.
A
los nueve meses justos,
cayó
malita en la cama,
cayó
malita en la cama,
cayó
malita en la cama.
Llamaron
cuatro doctores,
los
mejores de La Habana,
los
mejores de La Habana,
los
mejores de La Habana.
El
uno la toma el pulso,
el
otro la mira en la cara,
el
otro la mira en la cara,
el
otro la mira en la cara.
Y
los otros dos decían:
esta
moza está preñada,
esta
moza está preñada,
esta
moza está preñada.
Si
estoy preñada, que esté,
a
nadie le importa nada,
a
nadie le importa nada,
a
nadie le importa nada.
Es
de mi hermano querido,
que
Tranquilo se llamaba,
que
Tranquilo se llamaba,
que
Tranquilo se llamaba.
Aquí
se acaba la historia
de
Tranquilo y de su hermana,
de
Tranquilo y de su hermana,
de
Tranquilo y de su hermana.
Por
el amor de su hermano
ella
quedó deshonrada,
ella
quedó deshonrada,
ella
quedó deshonrada. |
EL
CONDE FLORES
Grandes
guerras se publican
en
la tierra y en el mar,
al
conde Flores le nombran
de
capital general.
Ojos
de la condesita
no
cesaban de llorar,
dos
días lleva casada
y
se tiene que apartar.
Adiós,
romerita mía,
con
Dios te puedes quedar.
Si
a los tres años no vengo,
bendita
te pueden llamar.
Ya
se han pasado siete años,
y
para ocho ya van;
nuevas
del conde no sabes,
hija,
ya te puedes casar.
No
me quiero casar, padre,
que
don Flores vivo está;
aunque
ande cielos y tierra
yo
le tengo que encontrar.
Madre,
hágame usted una saya
de
basquiña[iii]
de sayal[iv];
madre,
hágame usted una saya
para
ponerme a caminar.
Se
quita medias de seda,
de
lana se pone ya,
encima
el hábito verde,
la
faldita de sayal.
Por
los altos que ella iba,
se
desojaba[v]
a mirar;
por
los hondos[vi]
que bajaba,
fuentes
hacía manar.
Si
ha encontrado a un vaquerito,
vaquitas
tiene a guardar.
Vaquerito,
vaquerito,
yo
te quiero preguntar:
¿de
quién son estas vaquitas?.
Todas
de un hierro y señal;
del
conde Flores, señora,
que
en aquel castillo está.
La
romera no era boba,
ya
se ha puesto a caminar.
Se
ha encontrado un pastorcito
que
ovejas tiene a guardar.
Pastorcito,
pastorcito,
yo
te quiero preguntar
¿de
quién son estas ovejas?
Todas
de un hierro y señal.
Del
conde Flores, señora;
mañana
se va a casar.
Ya
han matado las terneras
y
el vino puesto a enfrescar.
La
romero no era boba,
ya
se ha puesto a caminar.
A
aquel castillo de moros
a
pedir limosna va.
Ha
salido un caballero,
un
ochavito la da.
Para
el rico caballero
qué
poca limosna da.
En
casa, mis padres, reyes,
pesetas
y hogazas dan.
¿De
dónde es la señora
que
tan dulce tiene el hablar?
De
Sevilla soy, señor,
de
Sevilla, general.
Al
oír estas palabras,
desmayado
cae para atrás.
Arriba
estaba la novia
en
un alto ventanal.
Al
verle caer al suelo,
enseguida
ella bajó.
Aquí
tienes el hábito verde
que
me distes para esposar,
y
aquí tienes a mis brazos blancos
que
te quieren abrazar.
Adiós,
palomita mía.
con
Dios te puedes quedar.
Ésta
es la mía romera,
con
ella me he de marchar.
¡Malhaya
sea la romera
y
quien la trajo para acá!,
si
ha tardado dos días,
se
queda sin su galán.
EL
FRANCÉS
De
Francia vino un francés
En
busca de una mujer.
Se
encontró con una niña
que
le supo responder.
Caballero,
si usted quiere
de
mi hermana gozar,
todo
lo que yo le pida,
me
lo tiene usted que dar.
Me
ha de hacer usted un palacio
que
cueste dos mil labrones[i],
y
a la mar vaya a parar
ventanitas
y balcones.
Los
techos que usted me ponga
han
de ser de plata fina,
con
el mostrador de oro
para
ir a la cocina.
Desde
mi casa a la iglesia
ha
de poner entablado,
para
cuando vaya a misa,
no
se me manche el calzado.
Desde
mi casa a la iglesia,
ha
de poner una alfombra,
para
cuando vaya a misa,
no
se me manche la ropa.
Desde
mi casa a la iglesia
ha
de poner una parra,
para
cuando vaya a misa,
no
me dé el sol en la cara.
Un
coche con cuatro mulas,
como
lo he de menester,
como
soy cachí[ii]
gordita,
yo
no puedo andar de pie.
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